Lo vi hoy, no me cambié de banqueta, nació entre la calle como un fantasma. Me mordí las ganas de saludarlo, de voltear y regalarle una sonrisa, de esas que le gustaban tanto.
Pensé en que el pequeño que llevaba de la mano pudo ser nuestro, me arrepentí de no llevar suficiente labial, de ir desaliñada y rota. Tantas veces fui su novia por las mismas calles, tantas veces mis manos frías hallaron refugió en las bolsas de su chamarra, entre sus dedos. Tantas veces jugamos a besarnos sin besarnos, a reclamarnos lo que los amigos no se reclaman. Tentamos al destino un par de ocasiones… ingenuos al no aceptar que ya se nos había hecho tarde.
No lo miré, no lo miré por miedo a encontrarme con el pedazo mío que le dejé entre los brazos cuando nos despedimos sin saberlo. De reojo noté que se quedó pasmado, siguió mis pasos con la mirada, como tratando de grabar los movimientos que agilicé para no detenerlo, para no saludarlo, para no decirle….<Ojalá corazón que para la otra vida no tengas que decidir entre la responsabilidad y el amor y entonces te quedes conmigo.>
Al hombre con más barba que corazón, Mercedes Reyes Arteaga